Si Dios no existe,
¿Quién nos implantó los sueños, las ilusiones
y el deseo de hacerlos realidad?
Si fuéramos solamente materia,
¿de dónde surge esa tendencia
a desear algo más?
¿De dónde nace la capacidad de anhelar,
de imaginar un
futuro distinto y de amar?
¿Acaso no hay algo en nosotros que parece apuntar
más allá
de la simple supervivencia?
Nuestros sueños, nuestras ilusiones y el amor
son evidencia a favor del Creador.