domingo, 28 de junio de 2026

Te veo...

 Te veo.

Escucho el silencio que arrastras.
Tus ojos confiesan el peso,
aunque hayas aprendido a esconderlo bien.


Te veo.
Tus pasos me dicen que duele,
aunque intentes disimularlo.
Tu carga pesa. Yo lo sé.


Hay algo en tu forma de estar en silencio
que dice más que cualquier palabra.
Hay algo en tu manera de sostener el día
que no pasa desapercibido a mi mirada.
Y me duele.

Me duele que nadie te haya dicho antes
que no tenías que sostenerlo todo solo.


Me duele que nadie haya aprendido a mirarte,
sin apurarte, sin corregirte,
sin reducirte a una nota.
Me duele que durante tanto tiempo
nadie alcanzara a verte de verdad.


Me duele que hayas creído
que tu historia no tenía lugar en la escuela,
que había partes tuyas que recortar
y dejar afuera.

Me duele que nadie te enseñara
que podías decir “no puedo más”
que podías decir lo que sentías,
que podías pausar y respirar.

No puedo quitarte esa carga.
No puedo salvarte del miedo.
No puedo cambiar el mundo que te hirió.


Pero puedo sentarme a tu lado.
Puedo escuchar tu silencio.
Puedo respirar con vos.

Por eso hoy te nombro, cariño.
Por eso hoy te digo: no estás solo.
Tu herida tiene testigo.
Tu silencio tiene oído.


Y entre tu voz y mi escucha...
                             se abre un respiro.


Valeria

jueves, 11 de junio de 2026

Reacción Reversible

Ayer volví a preguntarme por qué parece sorprender tanto el cruce entre las ciencias y la literatura. 

En la clase de Ética, el profe comentó, muy divertido, que el docente de matemática al que yo había entrevistado —un docente al que amo, de esos que uno reconoce como propios casi desde el primer encuentro y que yo reconocí como de los míos desde la primera semana en el Tello— además de ser matemático también amaba las letras y que iba a publicar un libro. 

"Es un bicho raro", dijo. La frase, más que gracia, me dio ternura, pero volvió a hacerme pensar en la misma pregunta: ¿por qué nos cuesta tanto imaginar que ambas cosas puedan convivir en una misma persona? 

Estudiar ciencias influye en la forma de pensar las imágenes y de relacionar las cosas. Estudiar física, por ejemplo, nos da una sensibilidad especial para pensar el mundo en términos de movimiento, de transformación, y nos obliga a imaginar fenómenos que no se ven directamente pero que producen efectos, y la literatura hace algo semejante con las emociones. ¿Acaso no consiste también en poner imágenes a aquello que no puede verse?¿Alguien ha visto la ternura?  ¿Qué forma tiene el rencor? ¿Cuánto pesa la nostalgia?

Entonces, así como la física nos obliga a aceptar que hay realidades que no son directamente observables, (no vemos la gravedad, pero vemos la manzana caer)  la literatura hace exactamente eso con el alma humana (no vemos el miedo, pero vemos unas manos temblando)

En mi caso particular, comprender un concepto científicamente me llevaba casi de inmediato a trasladarlo al plano emocional. Recuerdo aquellas largas tardes encerrada en mi habitación alquilada, sentada en una silla, en la más absoluta soledad, estudiando y desmenuzando cuidadosamente cada idea. La mesa desbordaba de libros y apuntes, y yo escribía hasta que el brazo derecho me ardía y tenía que detenerme unos minutos antes de volver a la carga. 

Después de pasar toda una tarde así, me daba cuenta de que realmente había entendido un concepto cuando, espontáneamente, me salía un poema, un escrito o una frase. No eran grandes cosas, pero a mí lograban emocionarme. Las anotaba en los márgenes de los apuntes o en la contratapa de mis cuadernos, intentando atraparlas antes de que desaparecieran.

Recuerdo perfectamente mi poema sobre la gaussiana, sobre los azeótropos, y hasta recuerdo los chistes que se me ocurrían a partir de conceptos químicos, chistes destinados al fracaso porque sabía perfectamente que no le harían gracia a nadie más.

Creo que esa era mi forma particular de estudiar, cuando una idea dejaba de ser únicamente una fórmula y adquiría temperatura humana, cuando podía tomarla y convertirla en algo que me hacía reír, que me hacía llorar o simplemente en algo que podía "llevarme" una vez que había cerrado los libros, despejado la mesa y apagado la luz.

Por eso considero que, al menos desde mi experiencia, no hay un "cómo pasé de una cosa a la otra", porque nunca sentí que hubiera cruzado una frontera; más bien, siempre caminé entre ambas y se me hizo natural transitar en doble sentido. Es más, durante mucho tiempo creí que todos lo hacían, que era lo común.

No viví las ciencias y la literatura como mundos opuestos. Entre ellas siempre hubo una preciosa continuidad. Por eso me sorprende que el hecho de que un matemático publique un libro que no es de matemáticas pueda parecer una contradicción. A mí, por el contrario, me parece una consecuencia lógica de estar vivo y de amar intensamente más de una manera de conocer el mundo.

Así como puedo decir que mis padres educaron mi conciencia y mis valores, también puedo decir que la ciencia educó mi imaginación, porque me acostumbró a pensar en metáforas del movimiento, del equilibrio, de las fuerzas que actúan sin mostrarse. Y las llevé naturalmente a las personas porque todos tenemos inercias, puntos de quiebre, reacciones en cadena, atracciones y resistencias.

Claro que las emociones no son literalmente fenómenos físicos, pero me acostumbré a mirarlas de esa forma, a buscar relaciones, patrones y consecuencias. Y esa, de alguna forma, también se convirtió en mi manera de vincularme con el mundo que me rodea. No es raro que piense en las personas que han pasado por mi vida y las analice desde una óptica física, que me pregunte qué fuerzas invisibles sostuvieron sus decisiones, qué pequeños acontecimientos desviaron el curso de su historia, qué miedos, deseos o lealtades las condujeron hacia ciertos lugares y las alejaron de otros.

Esa continuidad la puedo palpar en la lógica interna de ambas disciplinas: la matemática me enseña que existen estructuras invisibles que ordenan el caos aparente, y la literatura busca esas estructuras en la experiencia humana, porque todos tenemos una historia, pero también una estructura. 

Tendemos a pensar que la gente que estudia ciencias es más estructurada, "más cuadradita", decía mi profe de pedagogía, mientras que la gente de sociales es más flexible, más espontánea.

¡Sorpresa! Solo basta con observar para darnos cuenta de que todos (incluso la gente de sociales) estamos atrapados en estructuras, en esquemas que van trazando nuestra vida, como si fueran escribiendo una historia que creemos propia. Hay patrones en los modos de amar, en las pérdidas que se repiten y hasta en las formas de sobrevivir.

Y ¡sorpresa de nuevo! Lo contrario también pasa. Hay reacciones químicas que son espontáneas, hay sistemas que son permeables, hay elementos que presentan excepciones a las tendencias periódicas, y en nosotros (¿hay un nosotros?) tampoco todo está completamente determinado. No importa que seamos "cuadraditos"; también hay rupturas, desvíos que no se dejan anticipar del todo.

Es la herencia cultural la que nos enseñó a dividir a las personas entre "las de ciencias" y "las de letras". Pero la realidad suele ser más desordenada: no responde a un orden rígido, sino que se filtra y se contamina entre sí, como ocurre con los reactivos de un laboratorio cuando no los manipulás con cuidado.

Así que, para mí, ciencias y literatura siempre estarán irremediablemente unidas, porque fue la formación en ciencias la que me dio herramientas para leer y escribir de determinada manera, y la que ha marcado también mi gusto musical y mi gusto literario.

Por eso, cuando escucho a Serrano decir "vuelas como la risa", yo pienso automáticamente en la propagación del sonido; veo ondas sonoras atravesando el aire, algo que ocupa espacio y llega a otros. Esa lectura me nace de tener incorporada una forma física de mirar el mundo.

No me sorprendió saber que Serrano, antes de dedicarse exclusivamente a la música, estudió física en la universidad. Eso hace que sus metáforas se vuelvan únicas y se alejen del romanticismo más típico —ese de "eres el sol de mis días"— porque no solo son adornos bellos, son imágenes, formas de pensar la realidad desde su propio funcionamiento interno. Y ¿no es, en el fondo, eso mismo lo que hace la física?

Aún recuerdo que escribí un poema llamado "Principio de incertidumbre" después de estudiar el principio de Heisenberg. Así fue como conocí a Ismael Serrano. 

En realidad, ya había escuchado una canción suya antes, pero no lo había identificado. Sin embargo, un día, mientras descargaba música en la computadora con el viejo programa Ares, me divertía buscando canciones, escribiendo nombres al azar y viendo aparecer distintos temas con el mismo título, de diferentes géneros e intérpretes.

Entonces se me ocurrió buscar "Principio de incertidumbre", solo para ver qué aparecía. Y apareció una canción. ¡No lo podía creer! A alguien más se le había ocurrido escribir algo con ese título, y encima ¡lo había hecho canción! Aunque debo decir que no es de mis favoritas —tiene otras mucho mejores—, en ese momento me encantó encontrarla. Aunque más tarde llegué a pensar que la idea era tan potente y que Serrano la había desperdiciado en una canción que no estaba a la altura, me sentí contenta de saber que alguien más había tomado un concepto científico y lo había convertido en poesía.

Quizás por eso nunca me resultó extraño hacer lo mismo, porque los conceptos científicos me generan imágenes emocionales. Por ejemplo, cuando estudié gaussianas en Física II terminé escribiendo un poema de amor llamado "Gaussiana". Sé que suena nerdísimo, pero prometo que si tiene un sentido poético. 

Una superficie gaussiana es un constructo teórico que se usa en electrostática para estudiar cómo se distribuyen las cargas eléctricas y cómo estas generan campos eléctricos alrededor. No es algo físico que exista realmente. Y ¿no es acaso el amor un constructo teórico que nos sirve para dar sentido a lo que sentimos?

La gaussiana, además de ser una superficie imaginaria, es elegida por nosotros, será esférica, cilíndrica o plana, según la simetría de la distribución de carga, para simplificar los cálculos asociados con la Ley de Gauss. ¿No hacemos lo mismo con el amor? Los vínculos no nos son dados de manera rígida, somos nosotros los que vamos eligiendo y construyendo según lo que nos da equilibrio y sentido.

Quizás por eso la gaussiana me resulta profundamente metaforizable.

Quizás por eso nunca entendí del todo dónde terminaban las ciencias y dónde empezaban las letras.

Quizás por eso nunca me sentí obligada a elegir. 

Nunca fue un "dejar una cosa para abrazar la otra". Fue una reacción reversible, un tránsito constante en ambos sentidos, donde cada una transforma a la otra sin que ninguna desaparezca del todo, donde ambas coexisten en un equilibrio dinámico, como las preciosas reacciones que observaba cobrar vida en el laboratorio.

Las ciencias me enseñaron a imaginar lo invisible y la literatura me enseñó a nombrarlo. Y entre ambas fui armando, torpemente, mi propia manera de estar en el mundo. 

Valeria.





miércoles, 3 de junio de 2026

No sirvo para Ciencias Sociales...

Hice una entrevista y ahora quiero adoptar al entrevistado.

lunes, 1 de junio de 2026

Eres: la mejor canción de Ismael Serrano

No es ningún secreto que “Eres” es mi canción favorita de Ismael Serrano

Aunque muchas de sus canciones me conmueven, hay en “Eres” una intensidad que me resulta imposible de explicar del todo.

Me fascina su carga emocional y también su belleza literaria, la forma en que construye metáforas para describir el amor como algo cotidiano pero también inmenso. La letra es nostalgia pura, pérdida, vacío.

Pero, ¿Qué está describiendo realmente esta canción? Ismael le habla directamente a la persona amada, intentando definir quién es ella y por qué la ama. Pero lo interesante es que no recurre a metáforas simples, como esas típicas frases cursis que odio, del tipo “tus ojos son dos estrellas” o “eres lo mejor de mi vida”, sino a imágenes mucho más complejas y cargadas de significado.

Y eso es justamente lo que más me gusta de esta canción, que no busca ser transparente, sino profunda. Cada verso parece esconder algo más detrás de las palabras.

Incluso, desde el planteamiento de las metáforas siento que Ismael hace una demostración de amor hacia la mujer que describe, ya que no la compara con imágenes románticas comunes y desgastadas, no le dice simplemente “eres una rosa” o “eres la luna” sino que Ismael elige imágenes mucho más intensas, como ella.

A continuación, voy a interpretar algunas de esas metáforas según mi propia lectura de la canción.

PRIMERA PARTE:

No das respuestas ni luz a mi jardín,

y no hay guerrero que descanse en ti.

No hay luna de agosto, ni lluvia de abril,

que no haya dormido antes en ti.

Eres pequeña como una estrella fugaz,

como el universo antes de estallar.

Vuelas como la risa, como el diente de león.

Si yo te miento, tú lo haces mejor.

 

No das respuestas ni luz a mi jardín, y no hay guerrero que descanse en ti.”

Me encanta que en una canción llamada ERES, en lugar de comenzar con lo que esa persona si es (eres luz, eres amor, eres intensidad)  Ismael Serrano elige empezar por lo que NO ES rompiendo con la estructura que el oyente espera. Comienza definiéndola desde la ausencia, lo que no da y lo que no representa.

“No das respuestas ni luz a mi jardín” sugiere que esa persona no ilumina ni trae certezas a su “jardín” o sea a su mundo íntimo, su espacio personal. Esto puede leerse como que ella es contradictoria, incluso desconcertante, que lo desestabiliza, idea que se confirma cuando dice  “no hay guerrero que descanse en ti”, un guerrero aquí puede interpretarse como un hombre que viene de batallas emocionales, que busca paz, un refugio después del conflicto. Sin embargo, con ella no hay quietud posible, porque no es refugio, es intensidad. No es un solcito que calienta el jardín, es tormenta.

“No hay luna de agosto ni lluvia de abril que no haya dormido antes en ti”

Me equivoque, aquí Serrano usa uno de los clichés literarios más clásicos... la lluvia de abril (aunque se lo perdono porque creo que es de los pocos clichés literarios que usa en toda la canción)

¿Qué tienen los poetas con abril? Los poetas adoran abril porque es un mes de contrastes, abril representa la transición. Es el mes donde el invierno (o el otoño, según el hemisferio) se rompe, donde llueve y esa lluvia es un símbolo de cambio.

En el hemisferio norte, abril es el corazón de la primavera. Pero no es una primavera alegre y llena de sol como mayo, como abril es un mes de transición, su clima es inestable (como ella). Podríamos decir que abril tiene un clima "bipolar" donde en un momento hace sol y al siguiente llueve, y esa inestabilidad es perfecta para hablar de las emociones humanas, y ¿de qué hablan los poetas sino es de emociones humanas?

Aquí, en el hemisferio Sur, Abril es el corazón del Otoño, los días se acortan, el frío se empieza a sentir en serio y comienza la nostalgia, por eso una "lluvia de abril" es una lluvia gris que te invita a estar adentro, tomarte un café, pensar y extrañar.

Por eso, la metáfora de abril funciona en ambos hemisferios y se usa mucho, como símbolo del cambio, de lo inestable, de lo emocional.

¿Y la luna de agosto? En España, (De donde es Serrano) agosto es el corazón del verano, el equivalente a nuestro enero en Argentina. Entonces, una “luna de agosto” evoca la imagen de noches de verano largas, cálidas, donde todo parece más vivo, más intenso.

Entonces, ¿qué nos quiere decir Ismael? Que todo eso que uno suele sentir con una llovizna melancólica, con una noche de verano, llegan a él como si ya hubieran pasado o dormido antes con ella, cuando él experimenta algo intenso o emocional, termina pensándola, porque todas esas emociones ya quedaron asociadas a ella y le remiten automáticamente a su recuerdo, como si ella fuera el punto de partida de esas sensaciones.

“Eres pequeña como una estrella fugaz, como el universo antes de estallar.”

Acá aparece una contradicción hermosa. Primero la describe como “pequeña como una estrella fugaz”. 

¿En qué sentido es pequeña una estrella fugaz? Una estrella fugaz es un fragmento de roca que entra a gran velocidad en la atmósfera de la Tierra y se quema por el roce con el aire, dejando ese rastro de luz que vemos en el cielo y que nos maravilla. Aparece de repente, brilla intensamente durante unos segundos y desaparece antes de que podamos retenerla. Ella es “pequeña” en ese sentido, es fugaz, difícil de atrapar, casi inalcanzable, pero capaz de dejar una impresión enorme en quien la observa.

Y esa idea se vuelve todavía más interesante con la segunda metáfora: “como el universo antes de estallar”. Según la teoría del Big Bang, todo el universo estaba concentrado en un único punto diminuto. Es decir, algo aparentemente pequeño contenía dentro de sí una inmensidad infinita.

Creo que Ismael juega justamente con esa contradicción, ella parece pequeña o frágil a simple vista, pero dentro suyo guarda una intensidad inmensa, imposible de medir.

“Vuelas como la risa, como el diente de león, si yo te miento, tú lo haces mejor”

¿La risa vuela? Sí, físicamente el sonido de la risa viaja en ondas sonoras por el aire. Cuando Ismael dice, vuelas como la risa, viene a mi mente la imagen de la risa de ella propagándose como una onda, atravesando el espacio, llegando a él.

Cuando dice “como el diente de león”, lo que visualizo son las semillas de esta planta, esos pelitos blancos (vilano) que el viento levanta y transporta por el aire. Veo ese momento casi mágico en el que uno sopla y las semillas se separan y flotan, dispersándose en distintas direcciones.

Entonces, Serrano la está comparando a dos imágenes que se mueven libremente por el aire y no pueden atraparse del todo. ¿Por qué? Ella parece ser eso en su vida, una presencia que siente intensamente, pero que nunca termina de pertenecerle por completo.

 “Si yo te miento, tú lo haces mejor.”

Esta frase lejos de sonar a acusación del tipo “me mentiste y yo te mentí” me suena a ¿complicidad?.  

Me hace pensar en una dinámica íntima entre dos personas que se conocen demasiado bien, donde si él intenta ocultar algo, ella lo percibe y responde igual de fuerte, lo que me lleva a pensar en un nivel de conexión tal que cuando uno de los dos trata de “engañar” emocionalmente al otro (no decir lo que siente, disimular ocultar, exagerar) el otro se lo devuelve con más intensidad.

Y la frase sugiere que entre ellos ninguno puede engañar realmente al otro, porque ambos se leen demasiado bien. Es una especie de duelo íntimo entre los dos, donde constantemente se perciben, se responden y donde ninguno puede ocultarle demasiado al otro.


SEGUNDA PARTE

Si bien en la primera parte las metáforas están como encadenadas, como estrella fugaz con universo o la risa con el diente de león, aludiendo a cosas livianas que se dispersan, en la segunda parte de la canción, Serrano hace una lista (amo las listas) de imágenes que no tienen (o yo no le encontré) una conexión lógica entre sí, sino que lo que hace es que con cada imagen dice algo diferente sobre cómo él la siente.

Eres la copa rota, el mar en que me adentro,

viento que susurra, el tálamo deshecho,

ácido en mis ojos, el café de mis mañanas,

la mano en el sexo, el rumor de batalla.


“la copa rota”

Este es otro cliché literario que encontré en muchísimas canciones y que no hace falta explicar demasiado, la copa rota simboliza fragilidad. Una copa, incluso entera, ya es un objeto delicado, entonces rota lo es todavía más. La imagen transmite la idea de alguien herido, vulnerable, marcado por lo que vivió.

“viento que susurra”

¿Escuchaste alguna vez susurrar al viento? Hay algo suave e íntimo en esa sensación. Ella a veces, es así para él, delicada, sutil, apenas perceptible, pero capaz de atravesarlo y afectarlo igual.

“el tálamo deshecho”

“Tálamo” viene del griego y significa lecho matrimonial, es decir, el espacio más íntimo de una pareja. Que esté deshecho, o sea desordenado, me hace pensar en el caos que queda después de haberse entregado emocional y físicamente al otro. Serrano usa esta imagen para mostrar que ella también representa para él deseo y pasión. Ella para él también es intimidad y desborde, una experiencia que lo atraviesa incluso después de haber terminado.

“ácido en mis ojos” 

No hay terror más grande en un laboratorio que el ácido en tus ojos, ja ja ja. Esta imagen tan corrosiva me (duele)hace pensar en algo que quema y lastima. Serrano muestra que ella también puede ser incómoda o incluso dolorosa emocionalmente. No la idealiza como alguien que solo trae calma o felicidad, sino como una persona capaz de afectarlo intensamente, incluso cuando eso duele.

“el café de mis mañanas”

El café es para muchas personas la primera compañía al despertar y empezar el día. Al compararla con el café de sus mañanas, Serrano muestra que ella forma parte de su rutina más íntima, que le da energía, lo acompaña mientras se pone en marcha.

¿Acaso no hemos tenido todos alguna vez un "café de nuestras mañanas"? Esa persona que es parte de la rutina diaria hasta el punto de que cuesta imaginar el día sin ella, con las que empezabas el día hablando, y cuya ausencia se hacía notar cuando pasaba un día sin hablarles, porque finalmente terminan formando parte de nuestros hábitos.

“la mano en el sexo”

Esta “metáfora” apunta directamente a la intimidad física, y creo que Serrano la incluye para romper (cual publicidad de Paso de los Toros, ja ja ja) con la tendencia de la poesía romántica a hablar del amor como centrado únicamente en los sentimientos. Aquí, la imagen transmite cercanía física e intimidad sexual. No hace falta explicar demasiado porque todos podemos imaginar la confianza y la vulnerabilidad que implica permitir que otra persona nos toque de esa manera.

¿Por qué, entre miles de imágenes posibles, eligió una tan corporal? Para dejar claro que ella no es solo la mujer que lo inspira y lo conmueve sino también es la mujer en la que alimenta sus fantasías, su erotismo y su deseo sexual. Ella no es solo el objeto de su admiración, es su amante. No ocupa únicamente un lugar en su corazón o en sus pensamientos, sino también en su piel. En ella encuentra excitación,  placer, y satisfacción.

“el rumor de batalla”

En la literatura medieval y en los textos épicos, el "rumor de batalla" suele referirse al murmullo que se oye a la distancia antes del combate, es el ruido lejano de los caballos acercándose, el golpeteo de las herraduras, el choque de las armas, los gritos que todavía no se distinguen con claridad. Primero se escucha el rumor y después aparece el ejército. Tan solo pensar en esa mezcla de sonidos que anuncia que la guerra está cerca se me eriza la piel, se siente la tensión, la expectativa, es un sonido que te inquieta incluso antes de que ocurra nada.

¿Por qué la compara con esa imagen? Porque ella no le transmite calma. Al contrario, le genera expectativa, nervios e inquietud. Como el rumor de batalla, basta con sentir que está cerca para ponerse en alerta.


ESTRIBILLO

En el estribillo la canción se vuelve como una discusión. Serrano va a plantear una comparación: la vida intensa con él vs. la vida estable que alguien más podría ofrecerle.

Hasta aquí, la canción venia describiendo quién era ella, lo qué representa para él y las emociones que le provoca. Ahora en cambio, se convierte en un reclamo, no un reclamo agresivo, sino más bien una mezcla de dolor y de reproche.

Ahora dime... ¿qué te han de ofrecer?

la tardes perdidas, tu sangre en mi piel,

la casa cansada, la manta en el sofá,

la tele encendida, las ganas de llorar.

Cuando dice "Ahora dime... ¿qué te han de ofrecer?", básicamente está preguntando: "¿Qué podría darte otra persona que sea mejor que todo lo que vivimos juntos?"

Y para recordárselo no menciona cosas grandes como un viaje a París, el auto que se compraron o las cenas caras. Habla de tardes perdidas, de una casa cansada, de una manta en el sofá, de la televisión encendida y hasta de las ganas de llorar, todas son imágenes de la vida cotidiana, de la convivencia.

De esta forma pone sobre la mesa que el valor de una relación no está únicamente en los grandes logros, sino en esos detalles aparentemente insignificantes que terminan construyendo una historia en común y que son muy difíciles de reemplazar porque son algo profundamente íntimo: la rutina, la confianza, la tristeza compartida y todas esas pequeñas cosas que solo existen entre dos personas que han pasado mucho tiempo juntas.

Basicamente la pregunta es: "¿Quién más va a conocerte en lo cotidiano, en lo roto y en lo triste como yo?" 

Él sabe que la respuesta es NADIE porque la intimidad de una vida compartida es muy difícil de reemplazar.


Y ahora dime... ¿qué te van a dar?

la paz en tu vientre, el fondo del mar,

gaviotas cansadas, mi sombra en el sofá,

la brasa encendida, las ganas de matar.

Aquí hace algo parecido, pero ya no se centra tanto en la vida compartida sino en las emociones y por eso cuando dice "Y ahora dime... ¿qué te van a dar?" parece querer decir "¿Qué podría darte otra persona que yo no te haya dado ya?"

Y ya no enumera cosas de la convivencia y de los recuerdos compartidos, sino que pasa a un plano más emocional y acude a imágenes como la paz en tu vientre, el fondo del mar, gaviotas cansadas, mi sombra en el sofá, la brasa encendida, las ganas de matar, que son todas imágenes que evocan emociones como calma, cansancio, compañía, deseo, rabia o pasión. De esta forma, le muestra que él no solo fue la vida compartida sino que estuve presente en sus emociones más profundas, en los momentos de calma y tambien en los más intensos u oscuros.

Entonces, si la primera parte la pregunta era "¿Quién más va a conocerte en lo cotidiano?", aquí la pregunta es "¿Quién más va a conocerte más profundamente que yo?"

 


Y aquí finalizo mi análisis de la que es para mí la mejor canción de Ismael Serrano de todos los tiempos. No creo que escriba una mejor.

Como dije antes, no sé exactamente por qué “Eres” me atraviesa tanto. Tal vez sea la intensidad con la que está escrita, o esa manera que tiene Serrano de convertir una relación humana en un universo de metáforas, heridas, deseo y ternura.

Sé que “Eres” es compleja, está llena de imágenes profundas y para captar su esencia hay que escucharla más de una vez, pero creo que me encanta porque está escrita de una forma que la hace sentirse profundamente real.

Porque no habla de un amor perfecto sino de un amor profundamente humano. 

Un amor donde conviven la admiración y el deseo, la rutina y la pasión, la calma y el conflicto, la ternura y las ganas de salir corriendo. 

Un amor lleno de TODO.

La melodía también ayuda, es suave, nunca explota, solo va acompañando a las palabras sin opacarlas, como si entendiera que la verdadera fuerza de la canción está en la letra.

Y quizá esa sea la razón por la que sigue emocionándome después de tantos años y la razón por la que cada vez que quiero escuchar una canción hermosa vuelvo a ella, porque algunas canciones se escuchan, pero "Eres" en cambio, se habita.