lunes, 20 de diciembre de 2021

Rutina

Buscamos felicidad demonizando la rutina.

Exhibimos despliegues de amor en actos extraordinarios

y no terminamos de ver que la felicidad está en la sencillez del día a día:

en compartir un café, dar un paseo,

una conversación, un abrazo, un "te quiero",

en un sencillo "te acompaño", "te escucho", "te entiendo",

en un breve encuentro.

Vamos por la vida buscando "la gran felicidad", como decía Sábato,

persiguiendo cosas que los demás

catalogan como éxito, como felicidad,

cuando ya está con nosotros en todos esos pequeños gestos.

Hoy llueve

Llueve, y llueve mucho,

y salgo, como una idiota,

a mirar la lluvia desde el balcón.

No soy la única,

vecinos embelesados,

contemplan la lluvia desde sus propios balcones,

unos niños aventureros cruzan la avenida,

descalzos y riendo,

un señor, en el frente

saca su celular y filma.

¿Qué es lo que tiene la lluvia

que nos fascina a todos?

¿por qué ese fenómeno meteorológico

que se repite con frecuencia

nos cautiva tanto?

Aquí estamos.

Aquí estoy, de pie, en el exterior,

prendada de su ritmo atronador,

y de su ruido blanco,

ordenando recuerdos que viajan,

a mayor velocidad que los truenos,

transportándome mentalmente,

a otro lugar y a otro momento,

sumida en la caricia de la brisa fría,

que me salpica la cara

mientras algunas ramas,

se sacuden violentamente,

bajo esa misma fuerza mágica.

Absorta en el perfume de la tierra mojada,

en el trayecto de gotitas

que viajaron kilómetros y kilómetros

y acabaron en mi piel,

se pegaron en mi cara.

Hipnotizada observo

el 0,0004% del poder de Dios en acción.

Llamativa,

simple,

relajante,

la lluvia nos cautiva a todos.

Un suceso conocido,

pero no por eso ordinario.

 

domingo, 12 de septiembre de 2021

Nostalgia

La palabra nostalgia fue acuñada por un médico
en el siglo XVII para describir lo que sentían
los soldados al estar afuera de su hogar.

Viene del griego nostos, que significa “regreso”,
y algos, “dolor”.

Hoy se utiliza para describir la tristeza que se siente
al recordar un momento, persona o lugar
que nos ha hecho feliz en el pasado
y que ya no forma parte de nuestras vidas.

Y hoy siento nostalgia de todo:
del pasado, la niñez, del presente,
tu cara hermosa que podía tocar cuando quisiera.

Hoy siento nostalgia de aquellos tiempos
que fueron “mejores”,
de tu voz, tu cariño, tu amor.

Hoy siento nostalgia de aquellos días en que fuimos perfectas,
cuando la vida aún no empezaba a recordarse
y todo era nuevo para mí.

Hoy siento nostalgia de las asambleas,
de la Biblia entre tus manos,
de tus lentes, de tu bolso,
del acomodador señalando los asientos
y pidiéndome silencio.

Nostalgia… ¿de qué?

De las historias que escribieron otros
y me leíste de principio a fin,
de las letras que me recortabas
hasta que el mundo tuvo palabras para mí.

Nostalgia de un tiempo sin preguntas,
de no entender el peso de los días,
de vivir sin saber lo que dolía,
de que la vida pase sin ser pensada.

Nostalgia de los días en que leer una revista
era mi máximo dolor,
del tiempo en que no tenía nada que recordar
y mucho por vivir,
del tiempo en que no existía el “sucedió una vez”,
ni el “¿te acordás que…?”.

¿En qué momento todo se volvió tan ajeno?
tan difícil, tan pesado, tan duro de transitar.

¿En qué momento los otros comenzaron a estorbar,
a existir y a dañar?

Si no había más que tú.
Si al principio no había más que tú.
si después llegó el resto.

Y hoy no estás, y en tu fotografía
solo queda un viejo eco,
anhelo de lo que fue un sueño.

domingo, 29 de agosto de 2021

Flotar

¿Has visto alguna vez a un pato flotando en el agua?

Desde afuera parece flotar sin esfuerzo
y pasarla bien,
pero la realidad es que el pato está nadando.

A simple vista no se percibe
todo el esfuerzo que hacen sus patas debajo del agua,
que no dejan de moverse
para mantenerse a flote.

Sus movimientos son tan rápidos y coordinados que,
al estar sumergidos,
pasan desapercibidos para el ojo humano.

También hay vidas que se sostienen así.

Cuando ves a alguien en una foto
“pasándola bien”,
no ves todo lo que hubo antes
para llegar ahí.

No ves el esfuerzo silencioso,
el cansancio,
ni lo que cuesta sostenerse cada día.

No se ve el cansancio que no se dice.

Ni los días en los que levantarse
ya fue una decisión.

Ni el esfuerzo de sostenerse
cuando por dentro todo sigue desordenado.

El duelo no se nota en la superficie.

No tiene forma visible.

No se resuelve con una salida.

Y no se va
porque alguien te diga
que “ya debería haber pasado”.

Hay cosas
que no entran en una foto.

Hay ausencias
que no se acomodan con el tiempo.

Si una fotografía te convence
de que estoy bien,
te está ocultando
todo lo demás.

Publicar algo divertido
no significa estar curado.

Significa, a veces,
simplemente haber sobrevivido un rato.

Déjame vivir mi duelo en paz.

Déjame tomarme mi tiempo para sanar.

Deja de apurarme.

Deja de juzgarme.

No estoy bien
“porque lo parezca”.

Estoy en proceso,
aunque no lo veas.

Cada quien carga su proceso en silencio,
aunque desde afuera... 
parezca calma.