¿Has visto alguna vez a un pato flotando en el agua?
Desde afuera parece flotar sin esfuerzo
y pasarla bien,
pero la realidad es que el pato está nadando.
A simple vista no se percibe
todo el esfuerzo que hacen sus patas debajo del agua,
que no dejan de moverse
para mantenerse a flote.
Sus movimientos son tan rápidos y coordinados que,
al estar sumergidos,
pasan desapercibidos para el ojo humano.
También hay vidas que se sostienen así.
Cuando ves a alguien en una foto
“pasándola bien”,
no ves todo lo que hubo antes
para llegar ahí.
No ves el esfuerzo silencioso,
el cansancio,
ni lo que cuesta sostenerse cada día.
No se ve el cansancio que no se dice.
Ni los días en los que levantarse
ya fue una decisión.
Ni el esfuerzo de sostenerse
cuando por dentro todo sigue desordenado.
El duelo no se nota en la superficie.
No tiene forma visible.
No se resuelve con una salida.
Y no se va
porque alguien te diga
que “ya debería haber pasado”.
Hay cosas
que no entran en una foto.
Hay ausencias
que no se acomodan con el tiempo.
Si una fotografía te convence
de que estoy bien,
te está ocultando
todo lo demás.
Publicar algo divertido
no significa estar curado.
Significa, a veces,
simplemente haber sobrevivido un rato.
Déjame vivir mi duelo en paz.
Déjame tomarme mi tiempo para sanar.
Deja de apurarme.
Deja de juzgarme.
No estoy bien
“porque lo parezca”.
Estoy en proceso,
aunque no lo veas.
Cada quien carga su proceso en silencio,
aunque desde afuera... parezca calma.