Un voto de confianza a quien realmente está aquí...
miércoles, 24 de diciembre de 2008
viernes, 19 de diciembre de 2008
Nostalgia anticipada
No sé cómo.
Lo has logrado.
No sé cómo, pero, a pesar de todas las precauciones que tomé,
de todas las cerraduras,
de todas las defensas que levantó mi corazón,
lo has logrado.
Te infiltraste.
Hoy sos parte de mí.
Y quisiera sentirme feliz.
Sin embargo,
mi corazón ya ensaya tu despedida.
Y solo puedo pensar en el día
en que tu ausencia
va a recorrer los mismos lugares
que hoy ocupa tu presencia.
Y ese día...
sé que una parte de mí
se irá con vos.
martes, 18 de noviembre de 2008
Crónica de un derrumbe
Creí que el día ya no podía empeorar.
Me equivoqué.
Cuando me cansé de llorar,
me bañé y me fui a la facultad
para levantarme un poco el ánimo.
Iba a ver la nota de Física.
Ansiaba ver mi nombre en la lista de aprobados.
Ansiaba verlo escrito en el transparente.
Pero mi nombre no estaba.
Y casi me muero. No podía ser.
Aprobar era la última esperanza de ser feliz ese día.
Y se extinguía. No sabía qué hacer.
Solo quería morirme.
Así que, llorando, me fui de la facultad.
Caminé sin rumbo.
Me sentía tan mal que pensé en suicidarme,
en dejar que un auto me atropellara,
en abrirme las venas con un cúter,
en tomarme la bencidina del frasco.
Necesitaba ver a alguien.
Alguien que me dijera que el mundo no se había terminado.
Necesitaba llorar.
Necesitaba un abrazo.
Necesitaba un amigo.
Pero Silvina seguía en Libertador.
Sandra no estaba en su casa.
La llamé al fijo. No respondió.
Le mandé mensajes, pero tampoco contestó el celular.
Hugo tampoco respondió.
Enrique ya no me habla.
Esteban está muerto.
En otro contexto, esto daría risa.
No sé cómo hice para no largarme a reír.
Supongo que ya estaba demasiado ocupada llorando.
El universo entero parecía haberse puesto de acuerdo
en dejarme sola.
Entonces fui a buscar
a la única persona que pensé que iba a encontrar.
a mi hermana.
Cuando todas mis llamadas fueron inútiles,
me fui llorando hasta su facultad.
Necesitaba que, por una vez en la vida,
se comportara como una hermana mayor.
Que me llevara a casa.
Que me dijera que todo va a estar bien.
¿y saben qué? Tampoco estaba.
Entonces pensé:
Hoy todos hicieron un pacto.
Dejemos a Valeria sola.
Hoy el mundo decidió olvidarse de mí.
Uno por uno.
Todos.
Y me quedé sola, como un perro,
en una facultad que ni siquiera era la mía.
Llorando.
Mientras algunos me miraban.
Estúpidos.
¿Nunca vieron a una persona llorar?
Subí por el ascensor.
Bajé.
Seguí llorando.
Y me senté en el tercer piso,
donde casi no había nadie.
Ahí sí lloré tranquila.
Hasta las diez me duró la fiesta.
Después tuve que irme.
Cerraban la facultad.
Yo...
y mi tristeza.
Cruzar el puente me reconfortó.
El aire fresco te ordena un poco las ideas.
Pero, a medida que me acercaba a casa,
las lágrimas volvieron.
Y pensé:
Qué sola estoy, Dios.
Después pensé:
¿Cómo voy a entrar con esta cara?
¿Qué les voy a decir a mis padres?
Los ojos rojos.
La cara hinchada.
La remera mojada de tanto llorar.
Pensé en decirles la verdad.
En abrir la puerta.
En contarles todo lo que me pasa.
Todo lo que vengo cargando.
Todo lo que nunca saben.
Todo lo que me duele.
Pensé que ya era hora
de que me entendieran sin juzgarme.
sin hablar, sin decir nada
que simplemente me abrazaran.
Pero cuando llegué a casa,
descubrí que estaba vacía.
Ni siquiera ellos estaban.
Todo estaba a oscuras.
Ni mis padres me esperaban.
Y yo, tonta, pensando
que estarían preocupados por mí.
Hoy, como nunca,
todos desaparecieron.
Todos me dejaron sola.
Y con ese pensamiento,
me venció el cansancio.
Me dormí llorando.
lunes, 17 de noviembre de 2008
Manual para quererme mal
Hoy fue el
peor día de mi vida.
Eso espero,
porque si hay uno peor, me muero.
Amanecí más
enojada que nunca con mis padres.
¿Por qué no
me quieren?
Bueno... en realidad, la pregunta no es esa.
La pregunta
verdadera es: ¿Por qué no me aceptan?
Porque yo sé
que me quieren. Y mucho.
Tengo que
reconocerlo.
Me cocinan lo
que me gusta.
Me compran lo
que necesito.
Se preocupan
por mí antes de que yo pueda hacerlo.
Nunca me
falta nada. Y, sin embargo...
Siento que
todo ese amor tiene una condición.
Que la hija
que aman es la hija que imaginaron,
no la que
realmente soy.
No me
aceptan. No me aceptan tal como soy.
Odian lo más
lindo de mí. Mi personalidad.
Mi
sensibilidad. Mi forma de ser. Mi manera de ver el mundo.
Odian lo que
soy.
Entonces...
¿De qué me sirve su amor?
¿Si no les
importa mi verdadero yo?
¿De qué sirve
tanto cuidado,
si nunca
quisieron conocer a la persona que cuidaban?
¿De qué sirve
que hagan tanto por mí,
si nunca les
importó saber quién soy?
Entonces
¡échenme a la calle!
Si no me
quieren así, si les pesa darme todo
desháganse de
mí de una vez, bórrenme de sus vidas
No quiero su
supuesto amor, para después escuchar:
“¿Ves cómo te
queremos?” porque eso... ¿De qué me sirve?
No les
interesa saber quién soy. No quieren saber.
No quieren
aceptar quién soy realmente.
Entonces,
déjenme en paz.
Sáquenme de
sus vidas. Déjenme afuera
No saben cuál
es mi canción favorita.
No saben cuál
es mi color preferido.
No saben qué
persona me gusta.
No saben por
qué elegí esta carrera.
No saben nada
de mí.
Soy una
desconocida para ellos.
Y lo peor...
es que no quieren conocerme.
martes, 26 de agosto de 2008
domingo, 29 de junio de 2008
Presencia
No estabas.
Nunca estuviste.
Pero en mi cabeza ocupabas cada rincón.
Te hablé como si pudieras escucharme.
Te respondí como si supiera exactamente qué dirías.
Inventé gestos, silencios, sonrisas.
Por un rato, dejé de extrañarte porque te sentía conmigo.
Después la conversación terminó.
Y el golpe de volver a la realidad fue recordar
que había pasado toda una tarde acompañada
por alguien que solo existía en mi imaginación.
Hoy descubrí que una persona puede estar ausente y, aun así,
ocupar una tarde entera.
miércoles, 4 de junio de 2008
miércoles, 14 de mayo de 2008
La caja de zapatos
Hoy le conté a Marco que estoy medio bloqueada y se rió un montón, me dijo que, si yo estoy bloqueada, él está en coma. Tambien me reí un montón, no sé de donde saca esas ocurrencias pero por fin me reí después de días de vivir bajo una nube negra.
Teníamos
que hacer grupo y Silvina no estaba. De todas formas, Marco no se acerca cuando
está Silvina. Nadie se acerca cuando está Silvina. “Es medio posesiva” me dijo
una vez Marco, y tal vez tenga razón. Pero ella está en su derecho de elegir
con quién trabajar en clase y no la puedo obligar a cambiar sus elecciones. Y
yo elijo estar con ella porque es inteligente y porque es mi amiga, y no la voy
a dejar haciendo un grupo sola. Le costaría un montón, no tiene otro grupo de
estudio. En cambio, yo puedo unirme a cualquiera.
Bueno,
hoy ella no estuvo e hicimos grupo de a cinco, 4 chicos y yo. A excepción de
Marco, todos eran viejos, grandes quiero decir.
Los
veo y me pregunto... Qué hacen estos “chicos” aquí todavía? Yo tengo 22, pero
ellos tienen más de 30, seguro. Cuántos años hace que vienen a esta facultad?
Cuántas materias les faltan? Cuántas veces pensaron en abandonar?
Y
de pronto, mis preguntas dejan de ser sobre ellos y pasan a ser mías de alguna
manera... Voy a seguir yo acá cuando tenga esa edad? Puede una carrera
demorarte tanto la vida? Hay un momento en que uno deja de ser estudiante y
simplemente pasa a vivir en la facultad? Acaso está prohibido recibirse?
Debería empezar a preocuparme?
Hasta
hace poco, 10 años me parecían una eternidad, pero ahora empiezo a pensar que,
tal vez, aquí no sean tanto. Que la facultad es una especie de agujero donde el
tiempo desaparece sin hacer ruido, que se traga el tiempo y no te das
cuenta.... Entrás con 20 y cuando te levantás de la silla tenés 40.
Y
no quiero tirar mi vida en este lugar, en este lugar tan frío y con forma de
caja de zapatos. No quiero pasar mis mejores años encerrada entre estas
paredes. No soy un zapato, por Dios!
Y
después paro, respiro, y me pregunto... ¿Cuál vida?
lunes, 12 de mayo de 2008
Lo que queda después
Esta mañana me lo encontré.
No pasó nada.
No hubo contacto.
Y aun así me desordenó todo.
Me sentí insegura de inmediato,
como si su sola presencia me cambiara el aire.
Le evité la mirada, insistí en mantenerme lejos,
como si pudiera lograr que no me vea.
Pero en el fondo he buscado su atención en silencio,
aunque no haya palabras exactas para eso.
Pero él estaba cerrado a mí,
distante, inaccesible,
como si yo no alcanzara.
Y me duele.
Porque todo lo que él dice es verdad,
y eso me deja sin defensa,
sin excusas, sin dónde apoyarme.
Cuando se aleja,
me siento muy sola.
No un poco.
Muy sola.
Y lo que queda después no es respuesta,
sino un vacío oscuro, un silencio
donde antes había un nosotros que todavía duele.
miércoles, 23 de abril de 2008
martes, 22 de abril de 2008
Hoy me llegó tu mensaje:
"Sabés, Vale? Ojalá nunca te hubiera conocido"
Y yo me pregunté...
Y ahora qué puedo hacer?
Desaparecer?
Ya estoy aquí, no?
Ya estoy en tu vida.
Cómo se hace para no haber existido nunca?
Existe alguna manera de desandar el camino
hasta volver a ser 2 desconocidos?
Cómo se devuelve un recuerdo?
Cómo se deshace un encuentro?
Cómo se borra a una persona de la historia de otra?
se puede des-existir?
y mientras más pienso
lo único que consigo es hacerme más preguntas...
Me siento como un criminal
un criminal nefasto y estúpido
de esos que lo único que logran es
ir dejando más huellas mientras intentan borrarlas
y cada intento torpe para borrarme de tu historia
no hace más que escribir otra página.
sábado, 12 de abril de 2008
Cardiopatía crónica
Intento estar bien.
Hago como si no pasara nada.
Pero pasa.
Me duele ser siempre la que quiere de más.
Parece que nunca aprendí a querer de menos.
Me duele ocupar siempre el último lugar,
si es que llego a ocupar alguno.
Me cansa recoger los pedazos,
solo para escuchar otra vez,
el ruido de la caída.
Me cansa cicatrizar
solo para descubrir
que la herida sabía exactamente
dónde volver a abrirse.
Y ahora una canción suena en la radio
y me agudiza todo.
La música tiene sus efectos secundarios.
Me duele el corazón.
Y pienso que eso del corazón roto
no puede ser solo una frase bonita de los poetas.
No. No es metáfora. Es verdad.
Porque duele.
Como una cardiopatía.
Vacío.
Peso.
Opresión.
Acá, en el pecho,
un poco hacia la izquierda.
Se lo diría al médico y él preguntaría:
—¿Hay antecedentes?
Y yo, sin pensar en el marcapasos de mi madre respondería:
—¿Quién no los tiene, doctor?
¿Usted conoce a alguien
que no lleve el corazón un poco roto?