miércoles, 14 de mayo de 2008

La caja de zapatos

Hoy le conté a Marco que estoy medio bloqueada y se rió un montón, me dijo que, si yo estoy bloqueada, él está en coma. Tambien me reí un montón, no sé de donde saca esas ocurrencias pero por fin me reí después de días de vivir bajo una nube negra.

Teníamos que hacer grupo y Silvina no estaba. De todas formas, Marco no se acerca cuando está Silvina. Nadie se acerca cuando está Silvina. “Es medio posesiva” me dijo una vez Marco, y tal vez tenga razón. Pero ella está en su derecho de elegir con quién trabajar en clase y no la puedo obligar a cambiar sus elecciones. Y yo elijo estar con ella porque es inteligente y porque es mi amiga, y no la voy a dejar haciendo un grupo sola. Le costaría un montón, no tiene otro grupo de estudio. En cambio, yo puedo unirme a cualquiera.

Bueno, hoy ella no estuvo e hicimos grupo de a cinco, 4 chicos y yo. A excepción de Marco, todos eran viejos, grandes quiero decir.

Los veo y me pregunto... Qué hacen estos “chicos” aquí todavía? Yo tengo 22, pero ellos tienen más de 30, seguro. Cuántos años hace que vienen a esta facultad? Cuántas materias les faltan? Cuántas veces pensaron en abandonar?

Y de pronto, mis preguntas dejan de ser sobre ellos y pasan a ser mías de alguna manera... Voy a seguir yo acá cuando tenga esa edad? Puede una carrera demorarte tanto la vida? Hay un momento en que uno deja de ser estudiante y simplemente pasa a vivir en la facultad? Acaso está prohibido recibirse? Debería empezar a preocuparme?

Hasta hace poco, 10 años me parecían una eternidad, pero ahora empiezo a pensar que, tal vez, aquí no sean tanto. Que la facultad es una especie de agujero donde el tiempo desaparece sin hacer ruido, que se traga el tiempo y no te das cuenta.... Entrás con 20 y cuando te levantás de la silla tenés 40.

Y no quiero tirar mi vida en este lugar, en este lugar tan frío y con forma de caja de zapatos. No quiero pasar mis mejores años encerrada entre estas paredes. No soy un zapato, por Dios!

Y después paro, respiro, y me pregunto... ¿Cuál vida?

lunes, 12 de mayo de 2008

Lo que queda después

Esta mañana me lo encontré.
No pasó nada.
No hubo contacto.
Y aun así me desordenó todo.

Me sentí insegura de inmediato,
como si su sola presencia me cambiara el aire.
Le evité la mirada, insistí en mantenerme lejos,
como si pudiera lograr que no me vea.

Pero en el fondo he buscado su atención en silencio,
aunque no haya palabras exactas para eso.
Pero él estaba cerrado a mí,
distante, inaccesible,
como si yo no alcanzara.

Y me duele.
Porque todo lo que él dice es verdad,
y eso me deja sin defensa,
sin excusas, sin dónde apoyarme.

Cuando se aleja,
me siento muy sola.
No un poco.
Muy sola.

Y lo que queda después no es respuesta,
sino un vacío oscuro, un silencio
donde antes había un nosotros que todavía duele.