viernes, 28 de diciembre de 2007

Mientras el reloj avanzaba,
nosotros seguíamos conversando.
Ninguno de los dos tenía apuro.

Por primera vez,
todo encontraba las palabras justas,
y el tiempo pasaba
como si no supiera qué hacer con nosotros.


sábado, 20 de octubre de 2007

 No es cierto.

¿Cómo pude haber pensado alguna vez que mi vida estaba llena de una sucesión de equivocaciones?

La verdad es que se trata de un único gran error.

Todo lo demás ha sido consecuencia de él.

PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE

 

Dicho en palabras simples, el principio de incertidumbre establece que hay cosas que no pueden ser comprendidas o definidas del todo.

Por ejemplo, no es posible conocer simultáneamente y con precisión absoluta la posición y la velocidad de una partícula (como un electrón). Si conocemos dónde está el electrón, la incertidumbre sobre su velocidad aumenta. Si conocemos muy bien su momento lineal, aumenta la incertidumbre sobre dónde está.

Cuanto más intentamos definir algo, más se nos escapa otra parte.

No se puede fijar posición y dirección a la vez, y así, cuanto más intento establecer tus coordenadas en mi vida, menos entiendo la trayectoria que se va dibujando en el tiempo.

Intenté ubicarte con precisión, un punto fijo en el espacio de mis días, y, sin embargo, se me escapa el instante preciso en el que empezaste a importarme, porque hay cosas que, cuanto más se intentan comprender del todo, más inciertas se vuelven.

sábado, 6 de octubre de 2007

Y AHORA???

 Y ahora… ¿Cómo me quito esta sonrisa de boba?

No creo que nada pueda arruinar la alegría de este día.
Deberían inventar frascos para embotellar la felicidad que sobra,
sobres para archivar la dicha que hoy se desborda.

sábado, 22 de septiembre de 2007

domingo, 27 de mayo de 2007

Carta a un rehén

La mejor definición de amistad que leí en toda mi vida, es la de Saint-Exupery, es tan conmovedora que siempre termino con un nudo en la garganta.


«Por esta razón, amigo mío, tengo tanta necesidad de tu amistad.

Tengo sed de un compañero que respete en mí,

por encima de los litigios de la razón,

al peregrino de aquel fuego.

Algunas veces necesito saborear de antemano

el calor prometido

y descansar, un poco más allá de mí mismo.

Pensando en esta cita, que algún día será la nuestra.

¡Estoy tan cansado de las polémicas,

de los exclusivismos, de los fanatismos!

En tu casa puedo entrar sin tener que vestir un uniforme,

sin verme obligado a recitar un Corán,

sin tener que renunciar a nada de mi patria interior.

Junto a ti no tengo ya que disculparme,

no tengo que defenderme,

no tengo que probar nada,

encuentro la paz.

Por encima de mis torpes palabras,

por encima de los razonamientos que pueden confundirme,

tú, en mí, solo tienes en cuenta al hombre.

En mí reconoces al embajador de creencias,

de costumbres, de amores personales.

Si difiero de ti,

lejos de menoscabarte, te engrandezco.

Me interrogas como se interroga al viajero.

Yo, que como todos experimento la necesidad de ser reconocido,

me siento puro en ti y voy hacia ti.

Tengo necesidad de ir allí donde soy puro.

No han sido mis fórmulas ni mis andanzas

las que te han permitido saber quién soy;

ha sido el aceptar quién soy lo que,

en todo caso, te ha hecho indulgente

tanto con esas andanzas como con aquellas fórmulas.

Te estoy agradecido porque me recibes tal como soy.

¿Qué he de hacer con un amigo que me juzga?

Si acepto a un amigo que cojea en mi mesa,

le ruego que se siente, no le pido que baile.

Amigo mío,

¡te necesito como a la cima en la que se puede respirar!

Si todavía combato, combatiré un poco por ti.

Tengo necesidad de ti.

Tengo necesidad de ayudarte a vivir.»

 Antoine de Saint-Exupery

Carta a un rehén

lunes, 26 de marzo de 2007

Orden

 Hoy me decidí y, con mucho valor, acomodé el desorden acumulado en mi habitación...

                                                         El que hay en mi corazón todavía no consigo ordenarlo.

sábado, 24 de febrero de 2007

Pasé horas bellísimas contigo... 

                         ¿Por qué quisiste que durara poco?

martes, 30 de enero de 2007

“No hay medicina que cure lo que no cura la felicidad.”

Hoy leí esta frase de Gabriel García Márquez y me hizo pensar que hay un dolor que no se resuelve con lógica, tiempo o remedios externos, porque el problema es existencial.

Es un dolor que solo dejará de sentirse cuando aparezca algo que te llene tanto la vida que le quite su lugar, porque ese dolor no pertenece a lo que uno vive, sino a lo que uno es.

Entonces, querido lector, si estás triste por dentro, lamento decirte que no hay una solución externa que funcione... Te aguantás y esperás, que lo que realmente lo puede cambiar es que tu vida vuelva a tener momentos de felicidad real, no forzada.

No es tristeza. No es pérdida. Es exceso de lucidez.

De nada.