miércoles, 23 de abril de 2008
martes, 22 de abril de 2008
Hoy me llegó tu mensaje:
"Sabés, Vale? Ojalá nunca te hubiera conocido"
Y yo me pregunté...
Y ahora qué puedo hacer?
Desaparecer?
Ya estoy aquí, no?
Ya estoy en tu vida.
Cómo se hace para no haber existido nunca?
Existe alguna manera de desandar el camino
hasta volver a ser 2 desconocidos?
Cómo se devuelve un recuerdo?
Cómo se deshace un encuentro?
Cómo se borra a una persona de la historia de otra?
se puede des-existir?
y mientras más pienso
lo único que consigo es hacerme más preguntas...
Me siento como un criminal
un criminal nefasto y estúpido
de esos que lo único que logran es
ir dejando más huellas mientras intentan borrarlas
y cada intento torpe para borrarme de tu historia
no hace más que escribir otra página.
sábado, 12 de abril de 2008
Cardiopatía crónica
Estoy triste. Si. Lo admito.
Intento estar bien.
Hago como si no pasara nada.
Pero pasa.
Me duele ser siempre la que quiere de más.
Parece que nunca aprendí a querer de menos.
Me duele ocupar siempre el último lugar,
si es que llego a ocupar alguno.
Me cansa recoger los pedazos,
solo para escuchar otra vez,
el ruido de la caída.
Me cansa cicatrizar
solo para descubrir
que la herida sabía exactamente
dónde volver a abrirse.
Y ahora una canción suena en la radio
y me agudiza todo.
La música tiene sus efectos secundarios.
Me duele el corazón.
Y pienso que eso del corazón roto
no puede ser solo una frase bonita de los poetas.
No. No es metáfora. Es verdad.
Porque duele.
Como una cardiopatía.
Vacío.
Peso.
Opresión.
Acá, en el pecho,
un poco hacia la izquierda.
Se lo diría al médico y él preguntaría:
—¿Hay antecedentes?
Y yo, sin pensar en el marcapasos de mi madre respondería:
—¿Quién no los tiene, doctor?
¿Usted conoce a alguien
que no lleve el corazón un poco roto?
Intento estar bien.
Hago como si no pasara nada.
Pero pasa.
Me duele ser siempre la que quiere de más.
Parece que nunca aprendí a querer de menos.
Me duele ocupar siempre el último lugar,
si es que llego a ocupar alguno.
Me cansa recoger los pedazos,
solo para escuchar otra vez,
el ruido de la caída.
Me cansa cicatrizar
solo para descubrir
que la herida sabía exactamente
dónde volver a abrirse.
Y ahora una canción suena en la radio
y me agudiza todo.
La música tiene sus efectos secundarios.
Me duele el corazón.
Y pienso que eso del corazón roto
no puede ser solo una frase bonita de los poetas.
No. No es metáfora. Es verdad.
Porque duele.
Como una cardiopatía.
Vacío.
Peso.
Opresión.
Acá, en el pecho,
un poco hacia la izquierda.
Se lo diría al médico y él preguntaría:
—¿Hay antecedentes?
Y yo, sin pensar en el marcapasos de mi madre respondería:
—¿Quién no los tiene, doctor?
¿Usted conoce a alguien
que no lleve el corazón un poco roto?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)