domingo, 5 de julio de 2020

Silvina

 Querida mía:

Te quiero desde que entraste en mi vida. Mi prima de una realidad alternativa. Mi hermana de la facultad. Todavía me acuerdo de cuando nos vestíamos igual y siempre nos hacían la misma pregunta.

Fuiste mi cómplice en las alegrías y en las tristezas. Fuiste la más valiente, la más decidida y la más segura de las tres.

Bellota era la muñequita que llevabas en la moto, pero creo que, en el fondo, eras vos la que tenía súper poderes.

No hay obstáculo que no hayas intentado superar. Nunca te rendiste. Lograste cosas que para mí habrían parecido imposibles. Aún recuerdo que cursabas la carrera y, al mismo tiempo, te hacías cargo de tu papá: hacías trámites, ibas al médico, organizabas todo y lo acompañabas durante esas largas horas de tratamiento. 

No sé de dónde sacabas tanta fuerza, pero siempre encontrabas la manera de estar al otro día en clase. (Tarde, pero presente).

Pasamos juntas por tantas cosas, algunas que todavía duelen demasiado. Pero nunca bajaste los brazos ni me dejaste bajarlos a mí.

Todavía puedo verte en aquellas noches en que ibas conmigo al hospital: decidida, negociando con el guardia, entrando a escondidas o tirando piedras a una ventana para que mi papá supiera que estábamos ahí. De alguna manera, lograbas convertir esas corridas de último momento, cargadas de preocupación y cansancio, en algo casi cinematográfico y profundamente tierno.

Yo estaba muerta de miedo. No creía que mi papá superaría el cáncer; no creía en nada en ese momento. Pero vos encontrabas la forma de hacerme reír con tus ocurrencias, tan descabelladas como funcionales. 

Tenías esa extraña capacidad de volver divertidos incluso los momentos más difíciles. Un día me hiciste entrar por la morgue y ese día supe que eras invencible: vos nunca aceptabas un "no", ni siquiera del destino.

Yo nunca fui la mejor acompañante, pero por vos iba hasta Nefrología para saber cómo estaba tu papá y hacerte el aguante durante las horas que duraba la diálisis. Recuerdo que nos dejaban pasar a una sala donde había una mesa, y nos quedábamos estudiando mientras esperábamos que terminara el tratamiento.

Gracias por retarme todas las veces que hacía falta... y también algunas que no, pero esas te las perdono. Ja, ja, ja. 

Gracias por no dejarme hacer más tonterías de las necesarias. Como buena amiga, siempre me apoyaste en todo, excepto en aquello que sabías que iba a hacerme daño.

Siempre me decías que no llorara porque te iba a hacer llorar a vos, pero nunca pude mantenerme fría, y terminábamos llorando las dos.

Yo era la nerd del grupo, pero vos eras experta en sobrevivir a cualquier examen. Hacías magia con lo justo, te inventabas respuestas cuando no sabías las preguntas y, aun así, aprobabas siempre. Todavía sospecho que tenías algún pacto secreto con la suerte. Esa capacidad de salir airosa, improvisar y resolver te llevó lejos en la vida.

Todavía te escucho cantando (a los enanitos verdes ¡ja!) en esas largas (muy largas) noches en las que estudiábamos hasta que amanecía, manteniéndonos despiertas a base de mates y Coca-Cola. Vos me obligabas a tomar mate aunque no me gustara, me dabas caramelos antes de cada parcial y actuabas como si aprobar fuera lo más natural del mundo. Y quizás por eso, porque tu calma siempre compensaba mi ansiedad, terminaba creyéndote.

Y aunque me hacías llegar tarde a todos lados, te dormías en el cine, vetabas a cualquier chico que quisiera sumarse a nuestro grupo de estudio y me obligabas a sentarme a estudiar cuando no tenía ninguna intención de hacerlo, te quiero un montón.

No sos una persona de grandes discursos; siempre fuiste de hechos más que de palabras. Yo, en cambio, era la de los abrazos y las cartas interminables, y creo que tal vez por eso fuimos tan buenas compañeras: cada una llevaba lo que a la otra le faltaba.

Aunque nuestras vidas hayan tomado caminos diferentes, todo lo que vivimos juntas no se puede borrar. Hay personas que pasan por nuestra vida y otras que se quedan para siempre en la historia de quienes somos. Vos sos una de esas personas para mí.

Te quiero tres millones. Tenía que decirlo porque soy empalagosa y cursi, como vos decís. Y sé que ahora, mientras leés esto, te estás riendo de mí. Pero no me importa, porque yo te quiero igual, malvada.

Te quiero.

Valeria

miércoles, 12 de febrero de 2020

PARA MI HOMBRE GRIS...



Valeria amaba al hombre gris que por amor se había vuelto blanco
el hombre gris amaba a Valeria que no podía ver sus matices
decidieron compartir su vida juntos
y tuvieron que aprender de los colores del otro.
El hombre gris vio por primera vez el negro
y le pareció aterrador, desolador, espantoso
una vez que lo comprendió
trato de no volver la vista allí
ni que Valeria lo hiciera de nuevo.
Le mostró que los otros tonos
incluso el gris mas intenso
dolían menos y eran menos peligrosos.
Valeria aprendió de gamas y tonos
y empezó a ver la vida de otra forma.
Pero sobre todo
ambos aprendieron a amarse
unidos por el color mas perfecto
el blanco verdadero
el amor que es puro
y que es solamente amor.

VALERIA Y EL HOMBRE GRIS parte 4

Valeria estaba furiosa
había intentado darle un lugar a alguien en blanco y negro
pero cuando quiso ponerlo a su lado ¡ese lugar ya estaba ocupado!
Ya había alguien allí y Valeria no lo veía
-"porque debe ser gris"- pensó Valeria
porque Valeria no era tonta
ella era muy inteligente y se daba cuenta
que toda materia ocupa espacio
dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio
y si alguien no podía ocupar el lugar que ella tenia libre en su corazón
que por cierto era muchísimo (porque ella era extrema)
era porque ese lugar ya estaba ocupado
y si no lo podía ver, ese alguien era gris
Todo eso reflexionaba mientras sentía brutales accesos de odio
y excelsos derroches de amor
¿Pero donde rayos estaba el ser gris?
¿Cómo lo iba a ver si era gris?
¿Cómo lo iba a amar si era gris?
¿Podría ella aprender a amar el gris?
En eso estaba pensando Valeria
cuando lo vio por primera vez.
Allí frente a ella estaba el hombre gris
porque su amor llego a ser tan grande que se volvió blanco y puro
super intenso y deslumbrante,
y Valeria al fin lo vio
con un color tan perfecto
que se enamoro al instante.

VALERIA Y EL HOMBRE GRIS parte 3

Valeria no podía ver al hombre gris, pero el si podía verla a ella
y ¡era tan extraña ante los ojos del hombre gris!
-¿Como se puede vivir en blanco y negro?-se preguntaba
y la curiosidad lo llevaba a seguirla
para ver como era esa vida sin matices
aunque cuando notaba que ella lo percibía, el se asustaba.
Si Valeria descubría que el la seguía, lo odiaría para siempre
y el no quería ser odiado
Solo quería acompañarla para poder experimentar por una vez
la intensidad del negro
la belleza del blanco
la armonía de dos colores puros sin matices
Porque en la vida de un hombre gris jamas había dos colores puros
Siempre las cosas eran términos medios
Así ...
El nunca había amado incondicionalmente
nunca había odiado hasta matar
nunca había llorado hasta ahogarse
y mientras mas miraba a Valeria mas deseaba sumergirse en ese mundo
sentir sus limites, vivir con intensidad
pero temía manifestarse
Valeria se enojaba con mucha facilidad y sus enojos eran como huracan
aunque a veces la veía sumergida en ternura
siendo tan dulce, tan amable, tan buena, como nadie mas
y deseaba manifestarse
para poder sentir por primera vez un amor puro
un amor como un blanco, sin ninguna manchita oscura
sin una pizca de mezquindad
ese que solo Valeria podía sentir
El hombre gris se medio enamoro de Valeria
pero se decepcionaba pues sabia que ella nunca lo vería
Y así pasaban los días para el hombre gris,
sin darse cuenta que los matices de su amor fueron cambiando
del gris paso al gris claro
el gris claro muto a gris clarísimo
y mientras mas la amaba mas se parecía al blanco
hasta que un día mientras la contemplaba... ¡Valeria lo vio!

VALERIA Y EL HOMBRE GRIS parte 2

Valeria odiaba el gris, porque solo veía en blanco y negro.
Se puede vivir en blanco y negro, Casablanca es la prueba.
Valeria pasaba sus días así, viviendo en blanco y negro
hasta que un día llego a su vida El Hombre Gris y Valeria no pudo verlo.
¡El era tan gris!
El podía amar un poquito a quien se portaba bien con el
o con mas intensidad a quien lo amara mas
podía disgustarse solo un poquito con algún contratiempo
o angustiarse solo un momento y volver a la vida normal
El podía incluso manejar las mas extrañas tonalidades
y querer a alguien que merecía ser odiado
o sonreír ante un día que solo merecía ser borrado
¡Era tan extraño el hombre gris!
y aunque Valeria no podía verlo, el espacio ocupado por aquel extraño
era hacia evidente en cualquier lugar
sentía su presencia y se sentía desconcertada
pasaba noches en vela pensando quien estaba allí
Comenzaba a sentirse terriblemente contrariada
ante aquella presencia que no se revelaba
pero también se sentía muy acompañada
porque percibía que el siempre estaba allí...

martes, 11 de febrero de 2020

Aniversario

No soy amante de las fechas.

Nunca celebré mi cumpleaños.

Debo agendar las citas médicas,

y me confundo cuando me preguntan,

cuántos años llevamos casados.

A menudo me equivoco,

con el año en que vivimos,

con los días, con mi edad.

Creo que las fechas son importantes,

pero nunca suficientes.

Y aunque sé perfectamente

que un 12 de febrero fue nuestra boda,

no necesito una fecha especial,

para decir que te amo,

para tener una cena o brindarte un regalo.

Mi amor nunca se conformó

con vivir un solo día al año.

Nuestro amor es un continuum,

no se mide por el tiempo,

sino por la suma interminable,

de infinitésimos compartidos.

De poco sirve medir el tiempo,

si el amor deja de fluir en los gestos,

en los momentos regulares,

en las jornadas habituales,

en los días ordinarios.

Por eso no importa la fecha.

Puede ser hoy, mañana

o el año que viene.

Puede ser en febrero, julio o diciembre.

En cualquier día de mi vida,

sigo y seguiré eligiéndote.