martes, 18 de noviembre de 2008

Crónica de un derrumbe

Creí que el día ya no podía empeorar.

Me equivoqué.

Cuando me cansé de llorar,

me bañé y me fui a la facultad

para levantarme un poco el ánimo.

Iba a ver la nota de Física.

Ansiaba ver mi nombre en la lista de aprobados.

Ansiaba verlo escrito en el transparente.

Pero mi nombre no estaba.

Y casi me muero. No podía ser.

Aprobar era la última esperanza de ser feliz ese día.

Y se extinguía. No sabía qué hacer.

Solo quería morirme.

Así que, llorando, me fui de la facultad.

Caminé sin rumbo.

Me sentía tan mal que pensé en suicidarme,

en dejar que un auto me atropellara,

en abrirme las venas con un cúter,

en tomarme la bencidina del frasco.

Necesitaba ver a alguien.

Alguien que me dijera que el mundo no se había terminado.

Necesitaba llorar.

Necesitaba un abrazo.

Necesitaba un amigo.

Pero Silvina seguía en Libertador.

Sandra no estaba en su casa.

La llamé al fijo. No respondió.

Le mandé mensajes, pero tampoco contestó el celular.

Hugo tampoco respondió.

Enrique ya no me habla.

Esteban está muerto.

En otro contexto, esto daría risa.

No sé cómo hice para no largarme a reír.

Supongo que ya estaba demasiado ocupada llorando.

El universo entero parecía haberse puesto de acuerdo

en dejarme sola.

Entonces fui a buscar

a la única persona que pensé que iba a encontrar.

a mi hermana.

Cuando todas mis llamadas fueron inútiles,

me fui llorando hasta su facultad.

Necesitaba que, por una vez en la vida,

se comportara como una hermana mayor.

Que me llevara a casa.

Que me dijera que todo va a estar bien.

¿y saben qué? Tampoco estaba.

Entonces pensé:

Hoy todos hicieron un pacto.

Dejemos a Valeria sola.

Hoy el mundo decidió olvidarse de mí.

Uno por uno.

Todos.

Y me quedé sola, como un perro,

en una facultad que ni siquiera era la mía.

Llorando.

Mientras algunos me miraban.

Estúpidos.

¿Nunca vieron a una persona llorar?

Subí por el ascensor.

Bajé.

Seguí llorando.

Y me senté en el tercer piso,

donde casi no había nadie.

Ahí sí lloré tranquila.

Hasta las diez me duró la fiesta.

Después tuve que irme.

Cerraban la facultad.

Yo...

y mi tristeza.

Cruzar el puente me reconfortó.

El aire fresco te ordena un poco las ideas.

Pero, a medida que me acercaba a casa,

las lágrimas volvieron.

Y pensé:

Qué sola estoy, Dios.

Después pensé:

¿Cómo voy a entrar con esta cara?

¿Qué les voy a decir a mis padres?

Los ojos rojos.

La cara hinchada.

La remera mojada de tanto llorar.

Pensé en decirles la verdad.

En abrir la puerta.

En contarles todo lo que me pasa.

Todo lo que vengo cargando.

Todo lo que nunca saben.

Todo lo que me duele.

Pensé que ya era hora

de que me entendieran sin juzgarme.

sin hablar, sin decir nada

que simplemente me abrazaran.

Pero cuando llegué a casa,

descubrí que estaba vacía.

Ni siquiera ellos estaban.

Todo estaba a oscuras.

Ni mis padres me esperaban.

Y yo, tonta, pensando

que estarían preocupados por mí.

Hoy, como nunca,

todos desaparecieron.

Todos me dejaron sola.

Y con ese pensamiento,

me venció el cansancio.

Me dormí llorando.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Manual para quererme mal

Hoy fue el peor día de mi vida.

Eso espero, porque si hay uno peor, me muero.

Amanecí más enojada que nunca con mis padres.

¿Por qué no me quieren?

Bueno...  en realidad, la pregunta no es esa.

La pregunta verdadera es: ¿Por qué no me aceptan?

Porque yo sé que me quieren. Y mucho.

Tengo que reconocerlo.

Me cocinan lo que me gusta.

Me compran lo que necesito.

Se preocupan por mí antes de que yo pueda hacerlo.

Nunca me falta nada. Y, sin embargo...

Siento que todo ese amor tiene una condición.

Que la hija que aman es la hija que imaginaron,

no la que realmente soy.

No me aceptan. No me aceptan tal como soy.

Odian lo más lindo de mí. Mi personalidad.

Mi sensibilidad. Mi forma de ser. Mi manera de ver el mundo.

Odian lo que soy.

Entonces... ¿De qué me sirve su amor?

¿Si no les importa mi verdadero yo?

¿De qué sirve tanto cuidado,

si nunca quisieron conocer a la persona que cuidaban?

¿De qué sirve que hagan tanto por mí,

si nunca les importó saber quién soy?

Entonces ¡échenme a la calle!

Si no me quieren así, si les pesa darme todo

desháganse de mí de una vez, bórrenme de sus vidas

No quiero su supuesto amor, para después escuchar:

“¿Ves cómo te queremos?” porque eso... ¿De qué me sirve?

No les interesa saber quién soy. No quieren saber.

No quieren aceptar quién soy realmente.

Entonces, déjenme en paz.

Sáquenme de sus vidas. Déjenme afuera

No saben cuál es mi canción favorita.

No saben cuál es mi color preferido.

No saben qué persona me gusta.

No saben por qué elegí esta carrera.

No saben nada de mí.

Soy una desconocida para ellos.

Y lo peor... es que no quieren conocerme.