Me niego a hacer una elegía a mi padre.
Hacer una elegía es admitir que no volverá.
Pero mi padre no ha muerto.
Hacer una elegía es admitir que no volverá.
Pero mi padre no ha muerto.
Él me enseñó a diferenciar el bien del mal,
a comprender lo que es el amor,
a conocer a Dios.
a comprender lo que es el amor,
a conocer a Dios.
Mientras sus lecciones vivan en mí,
él nunca morirá.
Mi padre me enseñó que ciertas cosas están en manos de Dios,
pero que, para todo lo demás,
nos corresponde elegir nuestro camino.
Él me dio las herramientas
para librar mis batallas futuras.
Toda mano que extiendo como acto de bondad
es su mano;
toda palabra que pronuncio con verdad
es su voz;
cada momento en que actúo con integridad
es un puente hacia él.
Mientras sus enseñanzas habiten en mí
y su presencia guíe mi corazón,
mi padre seguirá viviendo en cada paso que doy
Valeria