Escuchando a Serrano vuelve a mí una pregunta...
¿Cuántas veces el viejo tacto de una mejilla nos cortó?
Hay
heridas que no se abren con un adiós.
Se
abren con un reencuentro.
Fue un saludo cualquiera,
como si fuera uno más,
pero en ese instante
me devolviste años enteros.
No fue
el beso lo que dolió.
Fue
todo lo que volvió con él.
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