La palabra nostalgia fue acuñada por un médico
en el siglo XVII para describir lo que sentían
los soldados al estar afuera de su hogar.
Viene del griego nostos, que significa “regreso”,
y algos, “dolor”.
Hoy se utiliza para describir la tristeza que se siente
al recordar un momento, persona o lugar
que nos ha hecho feliz en el pasado
y que ya no forma parte de nuestras vidas.
Y hoy siento nostalgia de todo:
del pasado, la niñez, del presente,
tu cara hermosa que podía tocar cuando quisiera.
Hoy siento nostalgia de aquellos tiempos
que fueron “mejores”,
de tu voz, tu cariño, tu amor.
Hoy siento nostalgia de aquellos días en que fuimos perfectas,
cuando la vida aún no empezaba a recordarse
y todo era nuevo para mí.
Hoy siento nostalgia de las asambleas,
de la Biblia entre tus manos,
de tus lentes, de tu bolso,
del acomodador señalando los asientos
y pidiéndome silencio.
Nostalgia… ¿de qué?
De las historias que escribieron otros
y me leíste de principio a fin,
de las letras que me recortabas
hasta que el mundo tuvo palabras para mí.
Nostalgia de un tiempo sin preguntas,
de no entender el peso de los días,
de vivir sin saber lo que dolía,
de que la vida pase sin ser pensada.
Nostalgia de los días en que leer una revista
era mi máximo dolor,
del tiempo en que no tenía nada que recordar
y mucho por vivir,
del tiempo en que no existía el “sucedió una vez”,
ni el “¿te acordás que…?”.
¿En qué momento todo se volvió tan ajeno?
tan difícil, tan pesado, tan duro de transitar.
¿En qué momento los otros comenzaron a estorbar,
a existir y a dañar?
Si no había más que tú.
Si al principio no había más que tú.
si después llegó el resto.
Y hoy no estás, y en tu fotografía
solo queda un viejo eco,
anhelo de lo que fue un sueño.
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