"La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen ni se odian se matan por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan."
Estas palabras, viralizadas en estos días, ponen de relieve un argumento bien conocido: los soldados son piezas de una gran maquinaria y solo obedecen órdenes.
Con esa excusa se los exime de la responsabilidad de pensar por sí mismos.
Pero ¿es cierto?
¿Recibir órdenes nos exime de pensar en las consecuencias de nuestros actos y en las alternativas que tenemos?
¿La obediencia a un superior puede hacer que personas normales lleguen a consumar actos tan sanguinarios?
¿No tenemos acaso la obligación moral de preguntarnos cuáles son las consecuencias de nuestras acciones?
Tener un pensamiento crítico y responsabilizarnos de nuestros actos es la única alternativa frente al mal.
El Holocausto no podría haber sucedido sin la participación de millones de personas que miraron para otro lado o que "solo obedecieron órdenes".
Detente y piensa:
¿Por qué firmarías un contrato en el que te exigirán jugarte la vida?
¿Por qué aceptarías un trabajo que consiste en acabar con la vida de otros?
Muerte es muerte; no hay por qué disfrazarla de patriotismo.
Asesinos son asesinos; no hay por qué disfrazarlos de héroes.
El ejército es la prueba más grande de que hemos fracasado como humanos,
al no poder resolver los problemas sin recurrir a la violencia, como animales.
Pertenecer a esa institución no te convierte en héroe,
pero es muy probable que en algún momento de tu vida sí te convierta en asesino.
Tú lo sabes desde el momento en el que firmas.
Después te excusarás diciendo que solo obedecías órdenes.
¿Sabés? A lo largo de la historia hubo personas que estuvieron dispuestas a ser responsables de sus decisiones, que no se escudaron detrás de un "solo son órdenes".
Estuvieron dispuestas a sufrir injusticias en vez de causarlas.
Estuvieron dispuestas a perder la vida, pero no a quitarla.
Sus decisiones les permitieron vivir tranquilos e incluso morir en paz.
Ellos fueron los verdaderos héroes.
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