Cuando era pequeñita,
soñaba que viviría con mamá y papá para siempre.
(¿Qué quiere decir *para siempre*?, diría Neruda).
Siendo adolescente,
soñaba con vivir sola
y recoger a todos los perritos abandonados de la calle
(dije perros, no gatos).
Y cuando por fin tuve amigos,
soñaba con estar con ellos todos los días.
Nunca me alcanzaban unas simples horas.
Con el tiempo aprendí
que nada es para siempre,
que no todo es posible, aunque se desee,
y que, aunque no pueda estar con ellos a toda hora,
somos amigos todos los días
y para toda la vida.
Hay lazos que duran a perpetuidad.
¡Y aquí estamos!
Pasamos por todo:
graduaciones, bodas,
funerales, despedidas,
festejos, mudanzas,
nacimientos, peleas...
Y seguimos juntos.
Gracias por estar en mi vida.
Yo los amo
en todos los universos,
a todos,
a cada uno,
para siempre.
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