Cuando era pequeñita,
soñaba que viviría con mamá y papá para siempre.
(¿Qué quiere decir para siempre?, diría Neruda).
Cuando era adolescente,
soñaba con comprar una casa para mí sola
y recoger a todos los perritos abandonados de la calle
(dije perros, no gatos).
Cuando entré en la facultad,
deseaba vivir con mis amigas
hasta que fuéramos viejitas.
Pero cada una tenía que vivir su vida
y tomar su propio camino.
Alguna vez pensé
que mi mejor amigo sería para toda la vida.
Hoy comparto con él todos los días.
Enrique:
mi primer pensamiento al despertar
eres tú.
Y el lugar más bonito del mundo
es cualquiera,
siempre que tú estés allí.
Al final era cierto.
¡Mi diario hacía realidad los sueños!
No, Sandra...
no me queda espacio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario