martes, 2 de abril de 2024

Nuestras mañanas

“Para Elisa” sonaba en mi reloj a las 6:05,

dando el tiempo necesario a cada paso:

bañarme, peinarme,

planchar el uniforme,

y encontrarnos a las siete en la cocina.

La mesa ya estaba lista.

Mi taza, servida,

mientras cebabas mate con tu diario

de fondo,  las noticias de la radio,

anunciando, como siempre,

cuarenta grados.

Me contabas las noticias importantes.

Yo fingía que me importaban, pero no.

Ese mundo no existía aún para mí.

Ese mundo aún no existe para mí.

Y emprendíamos el viaje matinal,

a la escuela y al trabajo, cada uno.

Las mañanas que eran solo de los dos

se acabaron junto con la secundaria.

Hoy solo son un eco que resuena

cuando acerco la taza hasta tu cama

y el humo del té esconde mis lágrimas.

Querido, ¿por qué el tiempo tuvo que pasar tan deprisa?

Querido, ¿aún quedan mañanas por contar?

Querido, ¿cuánto tiempo más nos quedará?

Ya no hay periódicos.

Ya no hay radio.

No hay nada para mí en esta mañana.

Solo la soledad.

Verte despertar es un alivio.

Verte respirar es un abrazo.

Pero no sé hasta cuándo.

¿Hasta cuándo aguantará ese cuerpo viejo?

¿Hasta cuándo seguiremos escuchando las noticias de fondo?

Querido, tengo mucho miedo a diario.

Querido, tengo un nudo en la garganta a cada rato.

Querido... ¿se irán para siempre nuestras mañanas?

Querido... ¿ya no habrá radios ni cama?

Querido papá... verte tan apagado me daña.

Quisiera recuperar nuestras mañanas,

pero el recuerdo se disipa en el aire,

tan fácilmente

como el humo de esa taza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario