domingo, 27 de mayo de 2007

Carta a un rehén

La mejor definición de amistad que leí en toda mi vida, es la de Saint-Exupery, es tan conmovedora que siempre termino con un nudo en la garganta.


«Por esta razón, amigo mío, tengo tanta necesidad de tu amistad.

Tengo sed de un compañero que respete en mí,

por encima de los litigios de la razón,

al peregrino de aquel fuego.

Algunas veces necesito saborear de antemano

el calor prometido

y descansar, un poco más allá de mí mismo.

Pensando en esta cita, que algún día será la nuestra.

¡Estoy tan cansado de las polémicas,

de los exclusivismos, de los fanatismos!

En tu casa puedo entrar sin tener que vestir un uniforme,

sin verme obligado a recitar un Corán,

sin tener que renunciar a nada de mi patria interior.

Junto a ti no tengo ya que disculparme,

no tengo que defenderme,

no tengo que probar nada,

encuentro la paz.

Por encima de mis torpes palabras,

por encima de los razonamientos que pueden confundirme,

tú, en mí, solo tienes en cuenta al hombre.

En mí reconoces al embajador de creencias,

de costumbres, de amores personales.

Si difiero de ti,

lejos de menoscabarte, te engrandezco.

Me interrogas como se interroga al viajero.

Yo, que como todos experimento la necesidad de ser reconocido,

me siento puro en ti y voy hacia ti.

Tengo necesidad de ir allí donde soy puro.

No han sido mis fórmulas ni mis andanzas

las que te han permitido saber quién soy;

ha sido el aceptar quién soy lo que,

en todo caso, te ha hecho indulgente

tanto con esas andanzas como con aquellas fórmulas.

Te estoy agradecido porque me recibes tal como soy.

¿Qué he de hacer con un amigo que me juzga?

Si acepto a un amigo que cojea en mi mesa,

le ruego que se siente, no le pido que baile.

Amigo mío,

¡te necesito como a la cima en la que se puede respirar!

Si todavía combato, combatiré un poco por ti.

Tengo necesidad de ti.

Tengo necesidad de ayudarte a vivir.»

 Antoine de Saint-Exupery

Carta a un rehén

No hay comentarios:

Publicar un comentario