Buscamos felicidad demonizando la rutina.
Exhibimos despliegues de amor en actos extraordinarios
y no terminamos de ver que la felicidad está en la sencillez del día a día:
en compartir un café, dar un paseo,
una conversación, un abrazo, un "te quiero",
en un sencillo "te acompaño", "te escucho", "te entiendo",
en un breve encuentro.
Vamos por la vida buscando "la gran felicidad", como decía Sábato,
persiguiendo cosas que los demás
catalogan como éxito, como felicidad,
cuando ya está con nosotros en todos esos pequeños gestos.
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